Seleccionar página

Cada día que pasa más y más personas toman la determinación de trabajar desde casa, pero también es cierto que muchos de estos profesionales acaban abandonando porque reconocen no haber decidido bien, o en el mejor momento de sus vidas.

Hace un tiempo me mudé a una nueva vivienda y ahora, con la perspectiva del tiempo, ya apenas me acuerdo de los dolores de espalda por coger lo que no debía, de las mil cajas por desembalar (que parecían tener el poder de multiplicarse cada día) y de las tardes que pasé organizando, uno por uno, todos los libros y revistas antes de colocarlos en las estanterías.

Todo ha merecido la pena. Antes, tanto como ahora, era consciente del hecho de que mi decisión iba a traerme satisfacciones.

El cambio de casa estuvo motivado porque mi nuevo trabajo marcó el modo en que mi escenario laboral debía transformarse.

Sustituí mucho de los aspectos negativos de trabajar para una gran firma por todo lo positivo que yo podía extraer de la experiencia de trabajar para mí misma.

Me ocupé y preocupé de proporcionarme un entorno agradable y cómodo para hacer más fácil la transición; me regalé un coqueto despacho con un amplio ventanal, la luz del día y un espacio íntimo, muy mío, donde mi inspiración y mi creatividad pudieran fluir libremente, sin la presión del tiempo ni la imposición de nadie más que la mía.

Pero esto fue en la segunda fase, porque al principio tuve que enfrentarme con la estrechez del entorno y me adapté lo mejor que pude.  Llegué por tanto a una conclusión concluyente:

El espacio que habitas debe ser independiente del que requiere tu actividad laboral.

Cuando comencé a trabajar desde casa sabía bien lo que quería, pero por mucho que planifiques nunca tienes todos los números para ganar, así que no estaba del todo segura de que pudiera salirme bien por aquellos factores que -como digo- se escapan siempre a nuestro control.

Así que me lancé y probé, ilusionada y con muchas ganas, pero con los pies en el suelo.

Lo primero de todo: buscar una fórmula compatible que nos permitiera a toda la familia conjugar los dos mundos sin amargarnos la existencia los unos a los otros.  En ese tiempo del inicio me planteé, incluso, la idea del coworking, pero eso sería el plan B.

La realidad superó con creces cualquier expectativa que me hubiera marcado; tuve mucha suerte, tengo que decirlo, y me vi desbordada por todo el trabajo que entró de golpe, y porque mi diminuto rincón laboral pedía a gritos más amplitud.

Necesitaba espacio, pero me negaba a sacrificar metros y la comodidad de mi familia por conseguir un entorno más amplio en el que pasar unas horas al día escribiendo, y eso se convirtió en un incómodo problema.

Tras darle unas cuantas vueltas al asunto, y viendo que mi proyecto laboral ya era algo más serio, tomamos la decisión de escoger una vivienda más acorde a lo que mi  nueva situación me estaba pidiendo.  Sinceramente, hacía tiempo que queríamos una nueva casa; la ocasión que se nos presentó no hizo otra cosa que empujarnos a ese cambio sin pensarlo ni un minuto.

Esto solucionó, como digo, el problema del espacio, pero también tuve que ir puliendo otros detalles hasta encontrarme realmente ubicada, hasta sentir que había definido mi «YO» ahora, mi «YO» empresa. Mi nueva identidad profesional.

Llegar hasta este punto es crucial para percibir que todo empieza a tener sentido.

Así que, desde mi humilde experiencia, te quiero dejar bien claros los aspectos que no debes descuidar si lo que buscas es hacer de tu oportunidad de independencia un proyecto sólido; porque dejarse vencer es fácil cuando los problemas y las complicaciones crecen cada día que pasa.

Si estás a punto de empezar esta (gratificante) aventura espero que te sirvan estos consejos que, ojalá, yo hubiera podido leer en algún sitio.

 

trabajar-desde-casa

 

Un sitio para cada cosa y cada cosa en su sitio

 

El primer punto ya te lo he dejado bien claro antes: hay que disponer de un espacio propio de trabajo, y que éste sea independiente del resto de la casa.

Hacer compatibles concentración con una espacio habitado por el resto de la familia es muy, muy complicado. Por no hablar de cuando un cliente te pide una conferencia por Skype,… te aseguro que no es nada cómoda una conversación mientras suena el timbre, ladra el perro, canta el pájaro o la televisión se oye de fondo.

 Nuestro espacio para trabajar desde casa debe ser un lugar donde entre buena luz natural, decorado con colores cálidos y materiales nobles.

La mesa debe ser todo lo amplia que tú necesites, porque si eres de los que acabas acumulando papeles, libretas, agendas, notas, libros, folletos, etc. al final tendrás que decidir entre los papeles y tú, pero seguro.

Mejor si dispones de una habitación climatizada, porque helarse de frío o tener una lipotimia por el calor no es nada agradable y te provoca que bajes mucho la productividad.  Un radiador para el invierno y un ventilador de techo para la temporada de calor pueden bastar y no requieren una inversión muy elevada.

En mi caso me gusta tener también un hilo musical de fondo. Reconozco que cierto tipo de música y sonidos  ayudan a que me centre mejor en lo que hago. Cada uno puede escoger según le vaya bien, pero es una idea que suele funcionar y está probado que mejora la concentración y favorece la creatividad.

 

Un horario como en la oficina de «verdad»

 

Hay que fijarse un horario de trabajo, sí o sí.  Aquí debemos ser serios, porque es muy fácil acabar un domingo a las cuatro de la tarde terminando presupuestos o ultimando un trabajo antes de entregarlo el lunes por la mañana a primera hora.

Pues NO.

Puedes ser un poco (solo un poco, ¿eh?) más flexible que en una oficina convencional, pero nunca bajes la guardia. Es muy fácil sucumbir a esa voz interior que te tortura y te dice insistentemente que debes traspasar la puerta del despacho para acabar el trabajo y no parecer un irresponsable.

Y tan importante como poner límites a tu actividad laboral (que no parezcas un veinticuatro horas) es el hecho de hacer ver a tus clientes que tienes tanta vida privada como ellos, y que el mundo no se acaba si no les respondes el viernes por la tarde al teléfono o durante el fin de semana a su correo electrónico.

Empieza, con puntualidad británica,  a trabajar a una hora, y termina dentro del plazo establecido; y (repito) no trabajes todos los días de la semana, por favor. Tu salud y tu familia saldrán beneficiadas, créeme.

¡Ah!, y si un día necesitas tomártelo libre, ¡hazlo! No se hundirá el mundo a tus pies, y retomarás la actividad con más energía.

 

consejos-trabajar-desde-casa

 

Vestidos para trabajar

 

La idea de que todos los que trabajamos desde casa lo hacemos en chándal o en pijama está muy extendida, y tiene mucho de cierto.

La comodidad de que nadie nos ve nos hace relajarnos, pero provoca que perdamos toda percepción de que verdaderamente estamos siendo productivos en ese momento.

Dúchate, arréglate y vístete para verte presentable, para que tu apariencia te conecte con el entorno laboral. La diferencia entre trabajar de un modo y otro se nota.

 

No abandones tus otros compromisos

 

Aunque trabajes desde casa  no pierdas el contacto personal con otros compañeros de profesión o con clientes.

Si éstos se ubican en tu propia ciudad intenta ir a verles de vez en cuando en lugar de recurrir al teléfono o al e-mail para comunicarte con ellos.  Toma un café, hazles una visita de cortesía, llévales un pequeño detalle, hazte ver. De estos encuentros pueden surgir nuevos proyectos, colaboraciones, sinergias, etc. y no te sentirás un huraño.

 

Y mucho menos tu vida social

 

Sal con tus amigos y vive a tope el tiempo libre, no permitas que tu entorno de trabajo absorba de ti tu espacio privado y te robe descaradamente los ratos de ocio que tanto te has merecido. Porque los freelances trabajamos, ¡y mucho!

 

Por último, deja de considerarte un bicho raro

 

Olvídate de concebir el trabajo desde casa como una idea a la desesperada y aprende a verlo como una alternativa que te va a permitir ser independiente, tomar el rumbo de tu vida y decidir lo que quieres ser laboralmente.   Te ahorras mucho tiempo y dinero por el camino, y si te organizas bien no lo cambias por nada.

Espero que estos consejos te sean útiles 🙂

¿Ya estás en la aventura de la independencia? ¿Cómo te organizas? Cuenta, cuenta 😉

Que tengas un estupendo día.  ¡Besos y abrazos!

Hola, soy Carmen y estoy al frente de este blog.

Cambié la comunicación corporativa en una multinacional por el 2.0, más concretamente por el marketing de contenidos y la escritura creativa. Soy freelance desde 2004.

Después de más de diez años escribiendo para otros, en el 2015 decidí crear mi propio espacio para llegar a mucho más público. En él vuelco mi experiencia y conocimientos sobre  posicionamiento de marca, estrategias de venta, marketing de contenidos y copywriting.

Hoy he creado un modelo de negocio que me hace feliz y que no cambio por nada.

Me gusta rodearme de personas con inquietudes emprendedoras, de las que aprendo cada día; admiro las mentes creativas; me encanta el pan recién hecho y la tortilla de patatas. Hablo más que escribo 🙂

¡Gracias por leerme!

Uso de cookies

Hola, te informo de que este sitio web utiliza cookies para que tengas una mejor experiencia de usuario. Si continúas navegando estás dando tu consentimiento para la aceptación de dichos archivos y la política de cookies del sitio. Por favor, pincha el enlace para una mayor información. Si no estás de acuerdo considera cerrar la página. Muchas gracias.

ACEPTAR
error: Lo siento. El contenido está protegido