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Hola, hola, ¿cómo estás? 🙂

Volvemos a encontrarnos después de un período de descanso en el que espero hayas tenido tiempo de hacer muchas cosas y de planear otras tantas pero, sobre todo, de ser muy feliz 😉

El verano siempre es propicio para pensar en cómo reconducir lo bueno y lo malo, plantearse nuevos y emocionantes retos. Y septiembre es el verdadero inicio de año, para qué vamos a negarlo.

Lo más importante: ¿qué tal han ido tus vacaciones? ¿Te han servido, por ejemplo, para apartar todo lo que te impide avanzar? Ya sabes que si te apetece puedes contármelo 😉

Yo, por mi parte, he intentado descansar todo lo posible, aunque agosto no me lo ha puesto nada fácil.  Ha habido de todo un poco, para no aburrirse, pero, como decía mi madre: «nunca llovió que no escampara», así que poco a poco todo ha ido volviendo a su sitio.

Dejando la oportuna distancia te vuelves a dar cuenta de que los días malos no son más largos que los buenos, y que no hay experiencias inútiles, sino necesarias a veces.

En las últimas semanas he podido pensar mucho y de muchas cosas. Me ocurre siempre que tengo que enfrentarme a circunstancias difíciles y debo encontrar un modo de canalizar todo lo que voy experimentando.

A raíz de esto que te comento pensé en el blog y se me ocurrió hablarte de la resiliencia.

«Puede ser una buena idea», me dije. «Es una asignatura difícil, pero se puede sacar buena nota si se está dispuesto a ello». El tema tiene, además, ciertas similitudes con el inicio del curso escolar.

La resiliencia, como las materias académicas, no admite la ley del mínimo esfuerzo. Exige un trabajo constante, dedicarle horas al día y requiere que vayamos bien preparados ante posibles «exámenes sorpresa». No puedes dejar nada para el último momento, porque entonces la situación puede ser demasiado complicada y volverse casi imposible remontar.

Momentos asfixiantes y duros pasamos todos, y en esas situaciones lo sano y lo adecuado es tomar conciencia de lo que está ocurriendo y trabajar para que afloren las emociones positivas. Todo eso lo consigue la resiliencia.

Hay quien te dirá que cuando la vida te pone a prueba, cuando has de ascender desde lo más profundo del pozo, te sueles quedar marcado; yo puedo decirte desde la experiencia que ante alguna situación crítica, es verdad, casi nunca se vuelve a ser la persona de antes.

 

Pasar por difíciles momentos te cambia mucho, pero esos cambios pueden ser positivos

 

El aprendizaje siempre es provechoso, aunque sea consecuencia de un episodio aparentemente insalvable; ante circunstancias de enorme presión puedes trabajar en cómo adaptarte y forjar la visión del vaso medio lleno.

Eres tú o el problema que tienes ante ti. Puedes someterte al dolor, autocompadecerte o ver más allá y provocar que suceda un cambio.

Apostar por seguir adelante permite que conozcas mucho mejor tus límites (que están siempre un paso, o dos,  más allá de lo que piensas); consigue que apartes de tu vida la autocompasión, propia y ajena;  posibilita que no te pases media vida pensando que has sido  una persona desgraciada o con mala suerte; ayuda a que aceptes los momentos más complicados como lo que son: pequeñas piedras en el camino, y a que valores las oportunidades que tienes ante ti para sentirte tremendamente afortunad@.

Cuando te sobrepones a lo insuperable consigues mucho más: logras no obsesionarte por mantener todo bajo control; aceptas los cambios, porque sabes que la vida no es lineal, y aprendes a cambiar tus objetivos sobre la marcha.

Cuando emerges reconoces que todo tiene solución, siempre.

Aunque hayas perdido algo acabas por no renunciar a tus sueños. A pesar de haber probado la derrota luchas, perseveras; llegas al convencimiento de que si los demás han llegado tú también puedes hacerlo.

Demasiado tiempo triste no consigue borrarte una sonrisa, y mejora la imagen que tenías de ti mism@. Tras nadar a contracorriente aprendes que ante la fuerza de los acontecimientos es mejor avanzar a favor para llegar a la orilla sano y salvo.

¿Es un proceso sencillo? En absoluto. ¿Es rápido? No quiero engañarte, hay que trabajar en ello. ¿Todo el mundo puede conseguirlo? SÍ. Conseguir salir adelante está al alcance de tod@s nosotr@s.

Llámalo supervivencia emocional, tíldalo de amor propio, coraje, valentía, energía, carácter, entereza o determinación. Todas esas cualidades te ayudan a no dejarte vencer; todas ellas están ahí, en tu interior. Tú las tienes, yo las tengo, tod@s las tenemos, solo hay que buscarlas.

Nuestros mayores nos repetían una frase en la que pocas veces reparábamos, salvo cuando estábamos en aprietos: “de todo se sale”. ¡Cuánta razón! ¿verdad?

 

Sobre la capacidad para superarse y salir fortalecidos: resiliencia

 

En psicología la resiliencia es el término técnico que se emplea para definir la capacidad de resistir a las adversidades, a pesar de tenerlo todo en contra; es esa fuerza interior que nos ayuda a resurgir de nuestras cenizas con mucha más energía que antes.

Si miras a tu alrededor, si escuchas la radio, ves la televisión o lees la prensa, siempre conocerás casos de personas que han tenido que salvar numerosos obstáculos y que, muy al contrario de lo que pudiera esperarse, suelen ser risueñas y positivas.  Se me ocurren las vidas de dos personas tan encantadoras como admirables: la medallista paralímpica Gema Hassen-Bey y el guionista y escritor Albert Espinosa.

Ambos funcionan por el mismo patrón: gracias a la resiliencia han conseguido situarse en un peldaño de felicidad estable y, aunque tienen altibajos como tú y como yo, son inconformistas convencidos y buscan constantemente avanzar un paso más.

Suelen contarte sus experiencias, las buenas y las menos buenas,  insistiendo en el hecho de que todas ellas consiguieron definir su carácter luchador. Nunca hay reproches en sus discursos, sino muestras de gratitud por las personas que han podido conocer en el camino, por las muchas oportunidades que les ha brindado la vida.

No se ríen del mundo, sonríen con él.  Su entusiasmo es contagioso; su actitud, un ejemplo a seguir. Sus vivencias nos hacen sentir culpables y poco agradecidos con la vida;  sus éxitos y trayectorias nos despiertan envidia de la sana.

Seguro que ante ejemplos así piensas: «tiene mucho coraje por luchar», «es admirable lo que ha conseguido, a pesar de lo que ha vivido»,… pero lo que no sabes es que ese «coraje» no es más que el fruto de la firme y trabajada decisión de no abandonar nunca, de la convicción de que ninguna situación límite puede interponerse ante una meta, un sueño o una ilusión.

La resiliencia te vuelve tozudo y rebelde. Y esas son cualidades que, en este tipo de situaciones, resultan admirables

Querer es poder. Los dos casos que te he mencionado son el ejemplo más claro de que las barreras pueden saltarse, de que las limitaciones no están escritas en un guión que no pueda cambiarse; demuestran que los impedimentos viven tan solo en la mente de quien los ve como tales.

Ellos muestran la resiliencia en estado puro.  Lo mejor de todo es que para este tipo de personas la resiliencia no es un concepto en sí mismo ni un manual de uso ante los acontecimientos; no es una medida excepcional, sino una conducta habitual en sus vidas.

Parece difícil coronar esa cumbre de autoestima, templanza y adaptabilidad. No es un trabajo sencillo, desde luego, y a veces puede llevarnos toda la vida aprender a desarrollar una capacidad adecuada para saber mirar siempre hacia adelante, gestionar el dolor adecuadamente y utilizarlo para aumentar nuestras fortalezas y trabajar en nuestras limitaciones.

 

¿Sabes? La resiliencia se adquiere por el camino.

 

A veces puede ayudarnos la genética, es verdad. Y es que, no nos engañemos, hay quien derrocha positivismo desde la cuna.

También puede servirnos el ejemplo de familiares cercanos (padres, hermanos, abuelos,…) que nos han sorprendido por su capacidad casi sobrehumana para sobreponerse siempre a las adversidades. Ellos suelen, casi siempre, contarnos esas “batallitas” que de pequeños resultan soporíferas pero que vas valorando con el paso del tiempo; ellos nos hablan de guerra y hambruna, de emigración, de todos los hijos/hermanos que perdieron en combate; nos hablan de supervivencia al fin y al cabo …

Y de ellos hemos podido ir adquiriendo como hábito ver la vida y los acontecimientos con otros ojos.  Sin pretenderlo, estas personas nos han inculcado un espíritu de lucha y una capacidad superior al resto para entender y asumir el dolor y darle siempre la adecuada dimensión.

¿No estás en ninguno de los dos casos anteriores? Es importante que sepas que la resiliencia se alcanza y que se puede volver parte de nuestro modo de ser y de ver pasar la vida.

 

Poco a poco, pero con paso seguro, haciendo de la resiliencia nuestra aliada

 

Un@ no se despierta un buen día con un buen activo de emociones positivas, pero lo que sí puede hacer espontáneamente es reaccionar para cambiar las cosas. En el momento en que tomamos la firme decisión de adquirir esa flexibilidad suficiente ante las situaciones límite y llevar las riendas habremos ganado mucho.

Porque el minuto que más cuesta en la vida, siempre, es el minuto uno. Si somos capaces de empezar a dar el primero paso podremos comenzar a caminar deprisa y de ahí alzar el vuelo.

 

Actuar con resiliencia es, ante todo, saber que el camino sigue más allá de lo que distinguimos en el horizonte.

 

Que lleguen momentos tristes es inevitable, pero lo que sí podremos dominar es el modo en que la tristeza logra instalarse en nuestra mente.

A nadie le gusta pasarlo mal, pero cuando has conseguido cierto nivel de resiliencia afrontas las situaciones difíciles con desahogo, y cada vez que la vida te pone a prueba acaba siendo un ejercicio más fácil de ejecutar. Si lo has vivido entiendes perfectamente de lo que te hablo.

 

Las reglas del juego

 

  • Anticiparse a la situación. Muchas veces todo llega sin previo aviso, pero hay ocasiones en las que vemos los nubarrones asomar antes de la tormenta. Es ahí cuando tendrás que adelantarte, analizar las causas y darle al problema una dimensión lógica. Empezar actuando con calma nos predispondrá a no perder el norte y podremos reaccionar más rápido, viendo la verdadera gravedad y analizando mejor las vías de solución.
  • Ponerse en la peor de las situaciones.  Seguro que alguna vez alguien te ha dicho para intentar consolarte: “podía haber sido mucho peor”. Tiene toda la lógica.  Cuando entiendes que incluso te ha acompañado la suerte tu mente se aclara y el resorte de salida del problema se activa mucho antes.
  • Ejercer como un inteligente emocional desde el primer minuto. Autocompadecerse, aceptar la situación con sumisión, quejarse insistentemente, etc. son circunstancias a evitar, porque si logran instalarse crean el caldo de cultivo perfecto para temores tóxicos e infundados en el futuro.  La actitud del inteligente emocional pasa por ordenar adecuadamente los pensamientos, saber descubrir las causas del problema y ver en las dificultades oportunidades para crecer y mejorar.
  • Darle a las cosas la suficiente perspectiva.  Actuar en caliente nunca lleva a tomar las decisiones más acertadas. La actitud resiliente responde más a alejarse lo suficiente del problema como para afrontarlo con el necesario dominio de la situación, sin riesgo a herir más de lo debido, tanto a nosotros mismos como a nuestro entorno.
  • Lo que tienes ante ti es lo que hay.  Con el agua al cuello podemos ser propensos a ver más allá del problema e imaginarnos que todo puede ir a (mucho) peor, creyendo adivinar cómo, incluso cuándo, se producirá una catástrofe mayor.  En los momentos menos favorables es más necesario que nunca mantener los pies en el suelo y confiar un poco.
  • Todo llega… y todo pasa.  Aprender a ver la temporalidad de los acontecimientos rompe con la peligrosa barrera de la paralización y eleva la confianza al ampliar nuestro punto de mira.
  • No te encierres. Llora el tiempo necesario y cumple con una fase de introspección si así lo necesitas, pero después sal al exterior lo antes posible. Habla sin temores, sé todo lo abierto/a que puedas, da la suficiente naturalidad a lo que has vivido y pierde el miedo a mostrarte humano, sensible y emotivo pero hazlo desde la autoconfianza, resaltando también lo fuerte, valiente y animoso/a que eres. Durante un tiempo deja atrás todo aquello que pueda hacer sangrar la herida de nuevo. Quien sufre una ruptura sentimental, por ejemplo, suele inclinarse por ver películas románticas todo el tiempo, y eso suele provocar que se entre en un bucle infinito de tristeza.  Sé fuerte y cuando te hayas recuperado podrás mirar atrás con la suficiente distancia y no estarás tan vulnerable.  Hasta te hará gracia recordar lo mal que lo pasaste.
  • Sé activo/a, toma iniciativas. Está demostrado que las personas proactivas están más capacitadas para tomar decisiones, promueven cambios y tienen mayor seguridad en sus acciones.  Este ejercicio motiva que exista una mayor flexibilidad emocional para los cambios contrarios que puedan sucederse pero también para las transformaciones positivas que pueden extraerse de aquellos.
  • Rodéate bien.  Una sana conducta en la vida y que cultiva de continuo la resiliencia busca rodearse de personas asertivas de las que aprender también a ser más fuerte y con las que sacar el lado divertido de las cosas. Un grupo sólido y unido puede suponer un buen sostén emocional ante los momentos más duros. Tod@s hemos acudido a nuestros mejores amigos y confidentes cuando la cosa se ha puesto fea y parece no haber salida. Y ellos consiguen sacarnos muchas veces de ese pozo, ¡es milagroso!
  • Ten paciencia.  No tod@s nos recuperamos al mismo tiempo, y medirse con otros casos parecidos solo puede conducir a la confusión, por no saber si se camina en la dirección correcta.  Deja que las cosas se aclaren siguiendo un curso y un proceso de restablecimiento necesarios.  Tú te conoces mejor que nadie y sabes de tus tiempos y necesidades para aclararte y volver a la normalidad.  No te exijas, cuídate y confía en ti.
  • Pide ayuda.  Obviamente, si compruebas que te has atascado en un punto y no avanzas; si notas que el proceso se alarga infinito o, incluso, si ante una aparente mejora aflora una inminente tristeza; si percibes que algo realmente no va bien, en definitiva, busca a un profesional que pueda brindarte el apoyo que necesitas.  Muchas personas son héroes y heroínas de su tiempo, pero las mayores proezas no tienen por qué alcanzarse en solitario.  A veces,  alcanzar la cima o caer al vacío depende tan solo del gesto de que alguien te agarre de la mano para subirte, no lo olvides.  Tomar una decisión así no te garantiza que puedas recuperarte más rápido, pero te dará el impulso que necesitas para ordenar y gestionar mucho mejor tus emociones.  Cuando hayas podido cerrar la herida habrás obtenido poderosas herramientas con las que afrontar el futuro con mayor seguridad y dominio de la situación.
  • Escribe sobre lo que te ocurre. Un breve diario de los acontecimientos permite que afloren los sentimientos tal y como surgen desde el interior.  Supone, casi siempre, un enjuague emocional, pero tan solo resulta efectivo si no te pones restricciones, si no te privas de exponer torrencialmente tus sensaciones.  Pasado un tiempo, al repasar lo que escribiste, podrás analizar más objetivamente la situación, reconocer quizá el porqué llegó a suceder y -sobre todo- darte cuenta de los errores, aprendiendo a dominar mejor esas emociones cuando regresen.

 

No olvides nunca…

 

Mira a tu alrededor, hay personas y causas por las que seguir luchando. Cada segundo que pierdes estás desaprovechando una maravillosa oportunidad de hacer feliz a alguien, dando un abrazo, regalando una sonrisa o diciendo un “te quiero”.

Ayudar a otras personas es, muchas veces, el mejor sistema para dar menos importancia a los que nos ocurre

El futuro es incierto y el día a día puede regalarnos una realidad inesperada también, pero no hay que temer a la incertidumbre ni dar la espalda a lo que nos sucede.

Es necesario trabajar de continuo en la autoestima para gozar de una autosuficiencia emocional que nos permita una vida plena y proyectarnos mejor ante los demás.

No debemos dejar atrás al niño que todos llevamos dentro.

Hay que perder el miedo al fracaso, porque todos tenemos las dotes suficientes para cambiar las cosas.

Tener una existencia vacía es mucho más triste que verse obligado a cerrar capítulos.

Todos debemos instalar en nuestras vidas la esperanza como el combustible necesario para avanzar.

No a la inseguridad, sí a sonreír mientras esperas.

No temas al dolor, a llorar, a sentir. El duelo es necesario, y sano.  Lo insano es no exteriorizarlo llegado el momento.

No te encierres salvo que sea, como el gusano, para mostrar después la mejor versión de ti mismo

Sé que a veces uno puede llegar a ver la resiliencia como una meta inalcanzable y pensar que es cosa de algunos elegidos, pero todos llevamos una persona fuerte y resistente en nuestro interior, TODOS.

¿Has visto las películas La vida es bella y En busca de la felicidad? ¿Acaso no harías tú lo mismo por tu hijo, por darle lo mejor? ¿Te das cuenta?, tu lado más decidido, valiente y luchador lo tienes ahí mismo.

Te dejo por hoy, no sin antes decirte que me ha encantado encontrarme de nuevo contigo 🙂

Que tengas un feliz día

¡Besos y abrazos!

Hola, soy Carmen y estoy al frente de este blog.

Cambié la comunicación corporativa en una multinacional por el 2.0, más concretamente por el marketing de contenidos y la escritura creativa. Soy freelance desde 2004.

Después de más de diez años escribiendo para otros, en el 2015 decidí crear mi propio espacio para llegar a mucho más público. En él vuelco mi experiencia y conocimientos sobre posicionamiento de marca, estrategias de venta, marketing de contenidos y copywriting.

Hoy he creado un modelo de negocio que me hace feliz y que no cambio por nada.

Me gusta rodearme de personas con inquietudes emprendedoras, de las que aprendo cada día; admiro las mentes creativas; me encanta el pan recién hecho y la tortilla de patatas. Hablo más que escribo 🙂

¡Gracias por leerme!

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